La sal de las heridas 48

El ambiente de la casa de Toni está cargado de fiesta. La música inunda el comedor, el CD de “El Despertar” suena fuerte y creo que las letras de sus canciones servirán para marcar un inicio en nuestras vidas. Siempre hay un principio después de un final. Nochevieja, qué diferente a las últimas que había pasado en donde el alcohol era el protagonista de mi vida. Pienso en Sandra y Nacho, una Nochevieja como ésta fue su comienzo. Sumida en repetidos tragos ni me enteré de ello, mi alma embriagada de aquel día buscaba el calor y la protección ficticia que me proporcionaba una copa. Bebí tanto que alcancé la inconsciencia y me desperté en una cama de hospital, con un gotero pendido de mi mano. Jaime, que aquella noche también se lanzó a beber sin parar, había acabado igual que yo. Fue Sandra, que casi no probó el alcohol, quien llamó a urgencias, menuda fiesta, qué mal acabó. Y aquel día supuso un final y un principio que aceleró una ruptura.  Un punto final en mi vida aunque no lo supe apreciar. Cuántos puntos finales, negros y abruptos, han roto mi existencia. Pero de los errores siempre se aprende, no se puede volver atrás y el camino sigue hacia adelante, como dice la canción que suena, me lleno de sus notas optimistas y mis pies se mueven al ritmo de la melodía.

Luís toma mi mano y me saca a bailar y en ese instante el ritmo cambia y se vuelve más lento. Me agarro a él y deslizo mis manos por su cuello. El resto está en la cocina acabando de preparar la cena y me siento con obligación de ir a ayudarles, pero en ese instante, mis labios anhelan el imán de los labios de Luís sobre mí. Le beso como hace un momento debajo del árbol con un punto de avidez que me acelera la pasión que siento. Sé que esta noche será el inicio de una aventura soñadora, amorosa, sin lugar a dudas en donde me cubriré de él y en donde todo desaparecerá excepto los dos, únicos, unidos, inseparables.

—Que corra el aire –dice Rebe sonriendo que acaba de entrar con una fuente repleta de comida en sus manos-.

Y me separo de ese beso álgido, supremo, con ganas de repetir aunque sé que no es el momento ni el lugar adecuado. No quiero que Rebe se sienta desplazada ya que es la única que no tiene pareja esta noche.

—No, si por mi podéis seguir –dice Rebe animándonos de nuevo mientras se da la vuelta para volver a dirigirse a la cocina-.

Pero sé que ha llegado el momento de ayudar con la comida. No tengo hambre, porque ya he picoteado bastante en el restaurante de mi prima, pero los demás y sobretodo María, no pueden esperar. Ya es tarde y entro en la cocina para acabar de sacar los platos.

—     Venga, nos van a dar las uvas –dice María ansiosa-.

—     Nunca mejor dicho –le contesta Toni-.

Nos sentamos en la mesa, repleta para la ocasión, y empezamos a comer.

—     Elisa ya ha vendido el cuadro –les informa Luís-.

—     ¿Ah, sí? –se interesa Toni-.

—     Sí, ha sido el primero en venderse. Una mujer adornada con muchos quilates se ha encaprichado de él.

—     No sabes si ha sido ella quién lo ha comprado –le digo mordisqueando una tostada de salmón-.

—     Ya te digo que sí. Seguro que ha sido ella. Cómo lo miraba, madre mía. Tendríais que haberla visto.

En el fondo también pienso que ha sido esa mujer. Sus ojos expresaban el fulgor de quien descubre una obra de arte por primera vez. El torbellino de mis emociones ha traspasado fronteras, esa mujer ha captado su fuerza y, ensimismada, ha decidido comprarlo pagando por él una suma de dinero que me va a venir muy bien.

—     Pregúntaselo a tu prima, ya verás cómo sí –continúa Luís-. Te vas a hacer famosa.

Me imagino el cuadro en un salón fino, presidiendo fiestas con un toque de glamour, admirado por sus invitados vestidos de etiqueta.

—     Luís, deja de soñar ya –le contesto-.

—     Tienes talento, Elisa. No niegues lo evidente. He visto tus cuadros y vales mucho. Yo sería incapaz de crear algo a partir de la nada.

—     Y yo sería incapaz de hacer lo que tú haces con los ordenadores –le digo-.

—     Cada uno sirve para una cosa –comenta Toni-.

—     Y todos nos complementamos –termina María-.

La cena transcurre con sonrisas y varias conversaciones en donde me siento parte de ese ambiente feliz, amistoso, cómplice y tranquilo. A las doce menos diez tenemos ya las uvas preparadas y las botellas que nos ha regalado mi prima Susana en el congelador. La despedida del año empieza mientras voy tragando las uvas una a una y sin atragantarme:

—     Una, por la voluntad.

—     Dos, por la resistencia.

—     Tres, por la libertad.

—     Cuatro, por la autoestima.

—     Cinco, por la inspiración.

—     Seis, por la constancia.

—     Siete, por la salud.

—     Ocho, por el trabajo.

—     Nueve, por la amistad.

—     Diez, por el amor sincero.

—     Once, por la confianza.

—     Doce por el inicio de mis sueños.

—     ¡Feliz 2013!

Toni descorcha la primera botella y nos sirve las copas. Brindamos por todos nosotros con el líquido dulce y afrutado de color rosado. María se moja los labios primeramente y, al probarlo, traga largamente.

—     Es fantástico, -dice cuando ya apurado toda la copa-.

—     Buenísimo –opina Rebe-. Lo mejor que he probado.

—     ¿Repetimos? –pregunta Toni descorchando la segunda botella y sirviéndonos de nuevo-.

—     Pero ésta la saboreamos –dice Luís-. Nada de beber rápido, beberemos con moderación.

Toni se aclara la voz y anuncia su inicio con estas palabras:

—Y ahora, viene el momento tan esperado por todos vosotros. –sonríe ampliamente mientras le guiña un ojo a María-. El notición que os anuncié del que seréis los primeros en enteraros. Bueno, chicos, uno ya se hace mayor y tiene que sentar la cabeza de nuevo.

María sonríe nerviosa.

—     Al grano, al grano –le anima Luís-.

— Como os decía, ya viene siendo hora de tener una alegría. Pronto tendremos una fiesta en donde estaréis todos invitados. María y yo…. Nos casamos.

Nuestra cara es de completa alucinación, abrazamos a Toni y a María mientras les felicitamos largamente.

—     María, ya puedes ponerte el anillo que te regalé –le indica Toni-. Ya no hay secretos entre todos nosotros.

María se dirige a la habitación y vuelve con un anillo en su dedo anular.

—     ¡Qué bonito! –exclama Rebe-.

—     Toni, qué buen gusto has tenido –le digo-.

—     ¿Lo dudabais? –sonríe Toni-.

María acerca su dedo y puedo apreciar un anillo fino, decorado con algunos brillantes.

—     Es precioso, María.

María ríe con ilusión, el inicio de su nueva vida le hace que se le escape una sonora carcajada.

—    Pero eso no es todo –dice Toni-. María, ponte los pendientes a juego-.

María vuelve a la habitación y sale con unos pendientes alargados con brillantes en las puntas.

—     Qué detallista –comenta Luís-.

—     ¿Qué pasa? ¿Qué no puedo serlo? –dice Toni con expresión un tanto enfadada aunque enseguida vuelve a sonreír-.

—     Qué calladito te lo tenías –le dice Rebe dándole un cariñoso codazo a Toni-.

—     ¿Y para cuándo es la boda? –quiere saber Luís-.

—     A finales de abril, el 27.

—     ¡Qué rápido!

—     No queremos esperar más, ya hemos esperado lo suficiente, ¿no creéis? –dice Toni impaciente.

María alza su copa, sus brillantes resaltan en esa noche mágica para ella.

—Brindad conmigo –dice contenta-.

Chocamos las copas, el sonido del dring dring me sacude las penas. María vuelve a poner el CD de “El despertar”, sus pies se mueven rítmicamente al son de la música que nos traslada a un paisaje onírico. Bailamos los cinco en esa noche joven que acaba de empezar para que el inicio de nuestros sueños, tan ansiados desde el principio, se cumpla.

Continuará…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s