Un mito poético en escena

¡Muy buenos días!

El poema que publiqué la semana pasada en la página de Facebook es de Garcilaso de la Vega. Sí, he retrocedido al siglo XVI. Estoy en el Renacimiento de nuestras letras. ¿Os ha gustado esa escena mitológica?
Es de tradición italiana y el autor intentaba imitar lo que se hacía en Italia para que la lengua castellana fuera equivalente a las formas clásicas y humanísticas.
El poema es un SONETO, que es la forma básica de la nueva poética en España. Decía así:

Hermosas ninfas, que en el rio metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas,

agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:

dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,

que no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.

En el poema, Garcilaso se dirige a las ninfas para que le escuchen e interrumpan sus ocupaciones. El poeta las invita a que se compadezcan de su dolor.
En las dos primeras estrofas, el autor nos presenta el tema del poema. Nos describe a las ninfas, dónde viven y qué hacen en ese instante en el que las interrumpe.
En la tercera estrofa, les sugiere que dejen “un rato la labor”. Fijaros que en el verso “No os detendréis mucho según ando”, Garcilaso nos advierte que la vida de las ninfas es mucho más larga que la de él. El verbo andar hace referencia a la vida del yo poético. Por ello, aunque las ninfas lo miren y lo consuelen, no se detendrán por mucho tiempo, porque vivirán mucho más que el autor.
En la última estrofa, el autor se acaba fundiendo en agua con sus lloros: “convertido en agua aquí llorando”. Es una petición, pues no sabemos si las ninfas se acaban apiadando de su dolor.

Espero que os haya gustado esa entrada. A mí me ha servido para situarme y recordar épocas pasadas. No tenemos que olvidar a los clásicos, porque son una base muy importante y esencial de nuestra lengua y literatura.
¡Hasta el domingo que viene! Os espero con un nuevo poema por si lo queréis adivinar.

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Me cubro a escondidas

Entre letras y palabras
escondo mi propio mundo;
huyo por el temblor de mis manos
y el ligero estupor de tus labios.

Me delatas en un día de nubes grises
entre los chopos y la pradera de sal;
salvajes mis ideas
que intentaste domesticar.

Me amago en un eterno despertar,
el sueño me cubre el aliento,
bella durmiente, que admiras
en la pared, que taladras como en un juego.

No regresaré ya más hacia ti.
Me he cansado de que no arriesgaras
ni un ápice de lo que te conté
aquel día, en el que no creíste en mí.

Y en tu lugar, vendrá la lluvia otoñal,
que tapará de hojas resecas
mi anhelo de hielo;
terca tu vida en el disparo
que volatizará mi nombre
por no pronunciar
un te quiero a tiempo.

Helena Sauras

Mi alma pobre y fría al calor de la limosna

El poema que publiqué el domingo pasado en mi página de Facebook es de Fernando Pessoa, que nació en Lisboa en 1888.

El poema es simple de entender en su estructura y directo.

 

No quiero rosas mientras haya rosas.

Las quiero cuando no las pueda haber.

¿Qué he de hacer con las cosas

que puede cualquier mano coger?

 

Sólo quiero la noche si la aurora

la diluye en azul y rosicler.

Lo que mi alma ignora

es lo que quiero poseer.

 

¿Para qué?… De saberlo, nunca haría

versos para decir que no lo sé.

Siento a mi alma pobre y fría…

¿Con qué limosna la calentaré?

 

En la primera estrofa, el poeta no quiere rosas cuando éstas sean las típicas del tiempo, cuando lo normal sea tenerlas en un jardín, sino que anhela tenerlas, cuando no sea posible (por razones de clima, por ser difícil, inalcanzable, etc). De esa manera, nos lanza una pregunta que le cambia su estado de ánimo, ¿qué ha de hacer si cualquiera puede coger esas rosas? No son rosas especiales, sino que están al alcance de cualquier mano y las puede tratar de de diferentes maneras; buenas o malas, aquí el autor no entra.

En la segunda estrofa el poeta entra en un debate interior. Su estado de ánimo establece condiciones, únicamente quiere la noche si el alba se diluye en dos colores: azul y rosa claro y suave (rosicler). Quiere que las noches conduzcan a un amanecer suave, a otro nuevo día, sin sobresaltos ni colores fuertes en el cielo (¿tormentas?¿ventoleras?). Pero todavía ignora lo que quiere poseer.

En la tercera estrofa, Pessoa se sincera y nos confiesa que duda de todo y que no lo sabe a ciencia cierta. Si supiera lo que tiene que poseer, no escribiría poesía. Su alma la siente pobre y fría. Dos adjetivos que nos pueden hacer reflexionar.

Y la última pregunta retórica, con la que finaliza el poema, no obtiene respuesta lo que hace entender que continuará escribiendo poesía y que no encontrará solución para sus preguntas. ¿Con qué sobra (limosna) calentará su alma fría?

Opinión personal:

Es un pequeño libro, que compré en la universidad, y que todavía no me había leído. Estos días revueltos, continúo con la poesía ya que la veo como una forma de sanar mi alma, a través de sus palabras.

El sábado pasado abrí este libro al azar ante la diversidad de mi biblioteca, y reparé en este bello poema. Por eso decidí compartirlo con todos vosotros. No os perdáis las próximas adivinanzas. El próximo domingo, colgaré otro poema. A ver si lo adivináis.

Para tu libertad bastan mi corazón latiendo y mis alas volando

¡Hola, buenos días!

Los que me seguís por la pagina de Facebook, ya sabréis que este año he decidido continuar con las adivinanzas a través de los poemas. Participar es sencillo: serán dos poemas al mes. Colgaré el primer domingo del mes y el tercero, un poema entero, sin poner el nombre del autor. Me gustaría que imaginarais quién puede escribir esos bellos versos. La única condición es que no uséis el Dr Google para buscar la solución. Dejad que vuestra imaginación fluya, si no sabéis el autor preciso, al menos, lo podéis ubicar en una época de la historia…
El segundo domingo, y el cuarto; pondré las soluciones en una entrada del blog, haciendo un pequeño comentario de texto del mismo. Será un comentario personal ya que a parte de que será como siempre subjetivo, os explicaré algo de mí, de mi historia literaria con ese poema, si la tuvo, de mis impresiones… etc.
Una vez publique las entradas, las enlazaré en la sección nueva que he creado: “Adivina, adivinanza” para tal fin.

Espero vuestros comentarios, no os cortéis y si os equivocáis, no pasa nada; de los errores, se aprende.

¿Preparados? Pues empezamos…

El autor del poema que publiqué es de NERUDA. Me diréis qué fijación tienes por ese autor, si el año pasado también publicaste otro poema del mismo autor. Bueno, son tiempos revueltos los que corren a mi alrededor y, creí que el poema que colgué, reflejaba el momento “histórico” que estamos viviendo en Cataluña. Vamos, que le viene como anillo al dedo, sin pensar que el compromiso es una manera de restar libertad a la otra persona. 😉

El poema decía así:

Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan tus alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas con el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

La temática del poema es la tierra cuando se acaba la libertad. El yo poético es un pájaro que emigra.

Sí, Neruda, se reencarna en un pájaro para huir y volar. Con la hipérbole, “Desde mi boca llegará hasta el cielo” y, con la segunda estrofa, que afecta a la naturaleza y a lo inalcanzable. Esta frase está en futuro, porque es un anhelo del poeta, un deseo para despertar lo dormido de su tierra, y poder liberarla.

Se compara  la tristeza con “un viaje”; es el fin, el autor toma lejanía y llega a su nuevo destino.

Fijaros en los tiempos verbales del poema: se usa el presente, se usa el pasado, y se usa el futuro. Son una de las clave para intentar descifrar lo que ocurre en un poema.

“Te pueblan ecos y voces nostálgicas”, habla de las voces exiliadas, que desde una nueva tierra añoran su patria.

***

La edición del libro de poesía donde os comento este poema, le tengo un especial cariño. Fue el primer libro que compré cuando llegué a la universidad. No sé si os lo he comentado, pero solía gastarme el dinero de las pagas semanales en libros. Prefería eso, a otros “caprichos”.
Me compré una edición que me costó 350 pesetas y con ella aquel mes de septiembre se iniciaba una nueva colección “Mitos de poesía” de Mondadori. Después de este primer contacto, adquirí varios volúmenes de la misma colección. Eran pequeños libros que casi no pesaban y podías llevar a cualquier lugar mientras alimentaban tu alma.

De color rojo, “Poesía de amor” de Neruda y una frase: “La besé tantas veces bajo el cielo infinito” en su portada.

Y en la parte de atrás otros versos: “Desnuda eres tan simple como una de tus manos, lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente” haciendo referencia a la poesía íntima. ¿Nos desnudamos a versos? La sinceridad hoy en día abunda poco, porque se le tiene miedo.

Mis mejores deseos para ese domingo que se avecina genial. Espero que os haya gustado esa entrada. El próximo domingo, os escribiré otro poema para que adivinéis quién es su autor.

Tu partida

Te diriges hacia un enigmático lugar,
partida como una naranja.
Cojo un gajo y lo mastico.
Huye el sabor en su franja,
mi lengua de buscar se cansa.

No es sosa, ni dulce, ni salada, ni amarga,
insípida, siento en la punta tu marcha.
Me detengo para olerte en el umbral,
no cruzaré ese falaz cristal;
tu perfume de ocaso roto regresa a mí,
de abrazos, si pudiera, te llenaría las manos.

Te vas corriendo en un universo de papel mojado.
Puedo sentir tu vacío y ausencia sin ser tocada,
porque fuiste poesía en tu marcha.
Sabías que me alteraba mi ansia embriagada,
que no creía, por miedo, en Ella, ¡oh certeza maldita!

Pero nos intercambiamos una luz de versos,
arrojaste tu ropa en mí, ¡oh cruel despedida!
Me regalaste bellas palabras de hondo sentimiento:
adiós, un triste paisaje gris me cala en ese momento.

 

Imagen Creative Commons de David Fresneda Ruiz